Manualidades con niños

domingo, 23 de marzo de 2014

Feliz cumpleaños

Mi querido niño bonito...
9 años ya. Este será el último de una cifra. En nada irá todo cuesta arriba y los años te volarán, como me vuelan a mi ahora. 
Y yo le pido a la vida que se pare, pero la puñetera no me hace caso. Va a lo suyo. Y yo sólo quiero ir a lo tuyo, a lo nuestro, a lo que me diste el día que naciste. Porque tu me diste la paz que tanto ansiaba, la paz que se llevó tu hermana al arco iris. Me diste las ganas de ser madre. De ser tu madre. Me diste una familia. Me diste risas y alegrías. También lágrimas y penas. Pero qué es la vida más que una de cal y otra de arena. Me enseñaste lo que es ser paciente. Me enseñaste también ese lado tan feo que tengo, cuando me enfado, que horrible es, ¿verdad?
Me enseñaste a sentir el auténtico miedo cuando te ha pasado algo. Me enseñaste, quizás, lo más importante. Mi querido niño bonito. Tú me enseñaste a amar. Ese amor puro e incontrolable que me domina cada vez que te miro y me veo en ti. Ese amor que hace que cada poro de mi piel sea ternura cuando te pienso. Ese amor que me hace llorar de alegría por saber que, de momento, te tengo. Tu cuerpo flaquito, tu corazón inmenso. Ese alma tan bonita que tienes, cariño mío. Ese alma que transmiten tus ojos grandes. Te miro en ellos y te veo entero. Veo tus buenos sentimientos, tus ganas de ayudar, tus ganas de aprender a ser mejor persona, a ser menos egoísta, a saber querer de otra manera.
Llevo un tiempo pidiéndote que te respetes, porque esa será la única manera de que te respeten a ti. Que te quieras, porque así los demás también sabrán quererte. Que seas tú y dejes de fingir ser ese otro que muestras a tus semejantes. Ya. Ya sé que todo es aprendizaje, pero no dejo de ser tu madre y de preocuparme por tí. 
Hemos pasado tiempos difíciles tesoro, pero hemos salido. Nos encontraremos con más (ni te imaginas hasta dónde la vida ahoga) pero saldremos igualmente. Siempre con la espalda recta y la cabeza alta. Porque habremos aprendido algo nuevo, y eso nos hace grandes. 
Si me aceptas un consejo, no me hagas mucho caso. Lo justo. Equivócate. Cáete. Tropieza. Yo siempre estaré detrás de ti para tenderte una mano, incluso en esos años en los que no querrás saber de mi. Da igual. Yo sé que eso es ley de vida. Nos conocemos durante unos años, luego nos desconocemos, y años más tarde, nos volveremos a conocer. Así es el ciclo. Yo lo sé, porque ya lo viví y lo que te prometo es no olvidarlo, para no recordartelo. 
Para este año te deseo todo lo bueno que tu cuerpo y tu alma sean capaces de soportar. Que metas muchas canastas. Que te sigas divirtiendo con las mates. Que mejores tus trucos de magia. Que seas el mejor amigo de tus amigos. El mejor hermano que tu hermano pueda tener, Que disfrutes. Que te rías. Que sigas recogiendo flores ahora cuando empiecen a florecer para regalarlas. Que cantes. Que bailes. Que te emociones. Que sigas encontrando nidos de perdices. Que juegues. Que te rompas pantalones. 
Te deseo, mi querido niño bonito, la más inmensa de las felicidades. Yo seguiré queriéndote hasta que me estalle el alma de felicidad por saber que eres mi hijo, mi pequeño gorrión de ojos grandes. Eres tan grande, pequeño. Ni te lo imaginas. 
Te quiero. 

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